María

 

 

Te llamaron Madre, pero a mí esta palabra se me queda corta.

 

Fuiste para engendrarnos y tu destino aceptaste. Toda mujer pudo ser sin tener hijos, Tú sólo para ser Madre. A quien fue Dios como que le dabas cuerpo y alma, a quien somos sólo cuerpo y alma tú nos dabas Dios. A Dios lo engendraste para hombre, a los hombres nos engendras para Dios. Encuentro en tu vientre, donde a Dios le das el hombre, donde al hombre le das Dios1.

 

Madre, porque valerosa aceptabas engendrar a Cristo, a Cristo y todos sus miembros, a Jesús y a todos los hombres en Él.

 

De las madres pasa la carne y la sangre, de ti como que pasa a nosotros la sangre de Dios, la luz del Sol, el ritmo del Corazón y la savia de la Vid.

 

Todos los días nos amamantas y nos llevas en tus brazos y cuidas que no caigamos, deliciosa criatura, de quien permanecemos siempre impotentes y felices criaturas. Siempre eres madre, siempre nos meces y nos arrullas.

 

Te llamaron Madre, pero a mí esta palabra se me queda corta.

 

Dolores de las madres en el parto y la crianza ¿compararse pudieran a tus dolores?

 

Los dolores se reflejan en el rostro. ¡Cuántos dolores y penalidades y catástrofes nuestras en ti repercutieron a través de nuestro rostro que tú cada día mirabas y era Jesús! Sauce junto a la Cruz, con tus varas tupidas de penas hasta el suelo ¿quién te obligó a llorar tanto?, ¿quién, a tomar tantas lágrimas?2. Con que respondieras que no al ángel de la Anunciación, te ahorraras un monte de penas, una vida de zozobras, mil millares de amarguras como nidos de espinas en tu alma.

 

Pero eres madre y lo aceptas por nosotros con todas sus consecuencias.

 

El nombre de Madre te pertenece; mas, como la parte al todo, a mí tu nombre de Madre se me queda corto.

 

Porque hay como una esencia en ti, de la que es un aroma tu maternidad. Es tu caridad.

 

Cuando quisieron los hombres ponderar tu amor a los hombres, era tan enorme que exclamaron ¡Madre!

 

Niña que suspira por nuestro bien y al ángel dice que sí (Anunciación); niña que al Niño arrebuja y con Él se delicia por nosotros (Belén); víctima que recibe el golpe en la víscera que más le duele, que es Jesús (Calvario); huérfana de su Hijo por asistirnos mejor a nosotros, Él desde los cielos, Ella desde la tierra3 (Ascensión); navegadora a los cielos, como quien va con su tropa al abordaje, porque ya en la tierra le resultan escasos los tesoros (Asunción); y allí, entronizada, desparrama al mundo sin cesar oro divino, luces, consuelos, favores, tesoros.

 

Peregrina divina, donde haces un alto en tu jornada –Lourdes, Fátima, Siracusa- sin respeto a las leyes naturales ni a las leyes de la Cruz multiplicas prodigios para multiplicar alegrías.

 

Tu amor como que llegamos a llamarlo Madre, pero es más hondo y es más alto y es más ancho y es más grande que ese nombre. ¡Cuántas veces he guardado un callado rencor contra el leguaje, porque no ha creado palabra con que llamarte!

 

Dios es amor, dijo San Juan4, y tú eres su manifestación clara en forma de mujer. Yo te aclamo, María, graciosa y agraciadísima, bendita entre todas las criaturas.

 

¡Qué de veces compadezco a los que no te conocen, a los que no te reconocen! ¿por qué los protestantes quisieron quedarse huérfanos?, ¿qué tenía que ver la madre en el alboroto? Pero muchos van de buena fe, y, sin saberlo ellos, Ella en silencio les sigue cobijando y conduciendo. No la sienten en su casa, pero de puntillas anda por sus corredores callada, colocando acá y allá la dádiva que necesitan, madre buena, corazón de cielo.

 

Y a todos aquellos que lejos del cristianismo viven en religiones distintas, Ella también se esfuerza por guiarlos, por compensarles en sus penas, por influirles luz del Padre, por conseguirles con mañas maternales la entrada en el reino de los cielos.

 

María es Virgen, María es Santísima, María es Señora, sigue añadiéndole nombres: todo eso es Ella, pero no la has expresado hasta que mirando a Dios Amor digas mirándola a Ella: María es toda Corazón.



1   Lc  1,  31-35,  38.

2   Jn  19,  25.

3   Lc  1,  38;  2,  7;  Mt  2,  11;  Act 1,  9,  14.

4   1  Jn  4,  8.