CARTA A LOS HEBREOS

Selección y Traducción

GRANDEZA DE JESUCRISTO:

1

Es el Primero de todos los seres; el primero para Dios e Hijo de Dios, el que hizo la creación antes de ser hombre.

Dios al fin de estos días nos ha hablado a nosotros en la persona de su Hijo; el cual después de obrar por sí mismo la purificación de nuestros pecados se sentó a la derecha de la Grandeza del Padre en las alturas.

Le hizo a Jesús más excelente que a los ángeles. Porque ¿a quién dijo alguna vez: "Hijo mío eres tú, Yo te engendro cada instante?" y también: "¿Yo para Él seré Padre y él para Mi será hijo?". Y también "Tú pusiste los cimientos de la tierra y obras de tus manos son los cielos; y todos como un manto se envejecerán y como un manto los arrollarás y serán cambiados. Pero Tú eres el mismo siempre". ¿Y a quién dijo jamás: "Siéntate a mi derecha!".

2

Hay que oír y seguir la doctrina de Jesús, que vino a ser la Palabra de Dios circulando por la tierra; compartiendo Él así, primero, las dificultades, tentaciones, y padecimientos hasta la muerte.

Por eso es necesario que prestemos total atención a las palabras de Cristo, y a las cosas oídas respecto de Él; porque no escaparéis del castigo los que menospreciéis las cosas y palabras de Él. Las cuales llegan a nosotros refrendadas por los que las habían visto y oído y confirmadas a su vez por el mismo su Dios Padre con señales y portentos y variedad de milagros y repartición de dones del Espíritu Santo a unos o a otros según Él quiso. Por causa de la muerte que padeció, mirad que le vemos ahora a Jesús coronado de gloria y honor, porque padeció la muerte en bien de todos.

Porque el Padre, para quien es todo y por quien es todo y que a tantos hijos logró llevar a la gloria, escogió consumar por medio de los padecimientos al autor (Cristo) de tal salvación.

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Pues tanto (Jesús) el que santifica como los que son santificados, de Uno vienen todos; por cuya causa no se avergüenza (Jesús) de llamarlos hermanos, diciendo: "Anunciaré Padre tu nombre a mis hermanos", y además: "en medio de la reunión Te alabaré"; y también: "Aquí estoy yo y los niños que Dios me dio".

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Consiguientemente, pues los niños eran de carne y de sangre; también Él lo fue, para destruir por medio de la muerte al (demonio) que tenía el señorío de la muerte y liberar a todos aquellos (ya en esta vida) que con el miedo que tenían a la muerte, se pasaban toda la vida sujetos a la esclavitud de este miedo.

Por eso convino que fuese en todo (padecimientos y muerte) semejante a sus hermanos, para ser compasivo con los que padecen y mueren, habiendo Él padecido lo mismo; y habiendo sido tentado igual que nosotros, pudiese Él atender mejor a los que así somos tentados.

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3 + 4

Cristo es por excelencia el sacerdote y maestro de la Fe; su casa y familia somos nosotros los que tenemos una vida de Fe, si perseveramos hasta el fin.

Así pues hermanos santos, partícipes que sois del llamamiento celestial, considerad al sacerdote y maestro de la fe que es Jesús. Moisés tuvo gloria por su fe; aunque fue solamente siervo en la casa de Dios. La casa de Dios es todo lo creado pues Él lo fabricó; pero Cristo tuvo más gloria, por cuanto es Hijo en su propia casa; la casa somos nosotros; solamente que perseveremos firmes hasta el fin en la confianza de la fe.

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Por eso como dice el Espíritu Santo: "Hoy si oyereis Su Voz no endurezcáis vuestros corazones como en los días de tentación del desierto; donde me provocaron vuestros padres, a pesar de que vieron mis prodigios. Durante años y años Me irrité contra esta raza y dije: Siempre andan extraviados en su corazón; y no aceptaron mis caminos. Y juré en mi indignación: No entrarán en Mi reposo.

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Mirad, hermanos, no se halle en alguno de vosotros un corazón perverso de incredulidad, corazón sin fe, que os haga apostatar del Dios viviente. Antes bien alentaos los unos a los otros cada día, y no se endurezca alguno con la seducción del pecado. Pues hemos sido hechos partícipes de Cristo, con tal de que mantengamos firme hasta el fin la fe segura del principio.

Sabemos que no pudieron muchos entrar en su reposo, a causa de su falta de fe.

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4

A nosotros se nos ha dado la Palabra de Dios, lo mismo que a ellos (los israelitas); pero a ellos no les aprovechó la palabra de la predicación, por no ir acompañada de la Fe, por parte de los que oyeron.

Trabajemos pues por entrar en Su Reposo a fin de que nadie, a ejemplo de ellos, caiga en la misma contumacia.