ACTITUDES ANTE PERSONAS EGOÍSTAS

 

 

El tema de hoy suele ser desconocido de la mayor parte de la gente que tiene caridad. La cuestión es la siguiente:

 

Las personas que quieren vivir la caridad ¿qué actitud tienen que tomar con personas agresivas o injustas o inaguantables o que atropellan sus derechos? ¿qué se puede hacer?.

 

La actitud del egoísta ya la sabemos, golpe por golpe y se acabó.

 

Pero el pensamiento que viene a los que tienen caridad es que tienen que aguantarlo todo; y si en alguna ocasión se rebelan, resisten o toman medidas enérgicas, quedan entonces con el remordimiento de que no debían haberlo hecho. Con ello sucede que la caridad se queda inerme ante los individuos que quieren abusar, y tiene que aguantar y fastidiarse.

 

Vamos a dividir los casos en varios grupos, que llamaré: Violencia brutal, violencia verbal, injusticia, hacer daño y ser inaguantable.

 

Llamo violencia brutal a la violencia del porrazo, de la contusión, de las heridas. La violencia brutal es el golpe, la del atropello sexual a una chica, etc.

 

En la violencia brutal hay que distinguir si el otro es más fuerte, si es igual o lo es menos.

 

Si el que te inflige violencia brutal es más fuerte que tú, lo que hay que hacer generalmente es aguantarse, mejor dicho, tener paciencia; porque al responder golpe con golpe nada se consigue, sino salir peor parado. Al no poder con él, porque es más fuerte, el hombre de caridad ha de tener paciencia y soportar aquéllo, lo mismo que si viene un terremoto o un volcán.

 

Alguno dirá: "Por lo menos me lo cargo". Pero eso no es solución. En la vida cristiana una virtud que tiene mucha importancia e interviene muchas veces en la vida es la paciencia, que es la dulzura del corazón que soporta lleno de confianza en Dios los males de la vida. Unas veces vendrán males de su naturaleza física, otras de su naturaleza corpórea, otras de que le causan daño los hombres.

 

Puede haber casos en que aunque no se logra repeler la agresión, sea preferible morir a tolerar aquéllo. Estos casos especiales ahora no los toco; porque ahora doy doctrina para los casos corrientes.

 

Por lo tanto, lo que hay que hacer es tener paciencia.

 

Si el otro es igual de fuerte o menos, entonces hay que contenerle, reducirlo por la fuerza; porque la caridad no pide que yo deje que el otro se cebe en mí; pues ¿qué bien saca el otro de que yo le deje cebarse en mí?. Ninguno. ¿Qué bien saca la sociedad humana? ¿los pobres?. Ninguno. ¿Qué bien saco yo? Ninguno. Entonces no hay que aguantar.

 

Hay algunos casos en que de no repeler se saca bien; entonces uno no rechazará al agresor. Pero en los demás casos es necesario por la fuerza rechazarlo.

 

Si tiene menos fuerza lo que hay que hacer, con mayor razón es repelerle; porque eso de que un chisgarabís, a veces un niño, por no propinársele un golpe a tiempo, se engalle, se encrespe, se monte, resulta fatal. Hay que reprimirle. Le viene bien y eso es lo que pide la caridad, que no toleremos que nos hagan daño cuando es inhumano, y si podemos rechazarlo, lo rechacemos.

 

A pesar de todo nos encontramos con una porción de casos que, perteneciendo a estos dos, será mejor soportar, aunque se pudiera aplastar al otro. ¿Por qué? porque mientras pueda evitarse dar al otro un golpe o hacerle daño es preferible soportar.

 

Aunque es mejor pasarse en soportar, no es aconsejable que ordinariamente o por sistema se soporte lo que se puede refrenar.

 

Esta misma doctrina es para la violencia verbal. Hay gente que habla muy mal, que le dice a uno cosas injustas, le humilla, le hace pasar mucho de múltiples maneras. No sólo diciendo:"Eres un hijo de tal". No. Hay modos de hablar que desbaratan al prójimo, sin necesidad de insultar.

 

Yo ahí hago la misma diferencia. Si el otro es más fuerte, es un cínico, un descarado, un animal, hay que tener el principio de que es una virtud que nos ganen a brutos. Eso de "a bruto no me gana nadie", no. A bruto me ganan todos.

 

De manera que si la violencia verbal es de un individuo a quien decirle cuatro cosas bien dichas lo único que consigues es aumentar la tirantez de sus frases y su mal hablar, al no conseguir nada, es preferible callarse. Pero en los casos normales, en donde la gente es muy fresca y dice lo que quiere, porque no hay quién le pare los pies, hay que pararle los pies. Es un gran bien que a tiempo se les pare y que no crean que todo es terreno conquistado.

 

Pero llegar a procedimientos violentos, no es caridad.

 

Cuando nos hacen una injusticia lo que pide la caridad es que no toleremos la injusticia. Si ves que van a salir bienes de que aguantes; o que de enzarzarse van a salir mayores males, soportas, o sea, que la paciencia siempre será una salida frecuente de la caridad. Pero debes saber que no siempre, ni la mitad de las veces que os hacen una injusticia, u os quitan dinero, o un cargo que tenéis, o una colocación, hay que aguantarse. Hay que acudir a los elementos judiciales, a los elementos legales de que uno dispone para refrenar al otro. Eso está claro. Pero yo veo que en determinados casos la gente se encoge y no lo hace. Con un mal hermano no lo hacen. Si le dejas, va a continuar aprovechándose. Hay, pues, que llevarle a los Tribunales.- "¿Cómo voy a llevar a un hermano?, a un amigo, a un conocido?".- Pues llevándolo.

 

Hermano es mientras hay amor; porque la sangre es un elemento que va por las venas, que no influye definitiva ni exclusivamente. Para extorsiones, abusos, está la represión legal.

 

De las injusticias generalmente hay que defenderse y el primer modo es el legal.

 

Cuando no hay medios legales o no son cosas para llevar a los Tribunales, hay que utilizar en ocasiones la amenaza, el susto, o el miedo al daño que uno le pueda causar. Esto no se debe hacer cuando la violencia va a provocar una violencia en espiral. El que tiene caridad es mejor que se pare, y otra vez volvemos a la paciencia; porque el que haya una espiral de violencia es tanto mal que es preferible aguantarse. O sea, lo primero es no admitir abusos, pero la espiral de violencia hay que pararla.

 

Hay otra clase de violencia, que es la gente que nos daña con la murmuración, con sus enredos, con líos y traiciones. Y esto es hoy, o cada cuatro meses, o a veces a diario. Gente que está cerca de casa o de mi casa. De estas personas lo que conviene es distanciarse. Hay que poner tierra por medio. Y ahí da lo mismo que sea hermano, amigo... Habrían de ser marido y mujer y si se hacen daño conviene distanciarse. Lo que no se puede es estar al lado de una persona que está dañando y machacando, y sin remedio. La caridad ¿qué pide?. Poner distancias. El que no quiere distanciamiento es quien abusa; porque pierde una fuente de ingresos, una fuente de expansión. El abusivo hace lo que quiere, y que el otro aguante. Pero el otro debe alejarse, separarse, amablemente, sin hablar nada. Si es preciso se le dice por lo claro. Y si no entiende, por lo clarísimo.- "¿Cómo le vamos a decir eso?".- Pues diciéndoselo. Es mejor ponerse una vez amarillo de ira que cien colorado de vergüenza y bochorno.

 

Cuando se verifica un distanciamiento, es aconsejable la perseverancia. Es una tontería apartarse y al día siguiente volver otra vez. No. Te apartas  y hay que perseverar en el alejamiento, pase lo que pase. Por lo menos dejar transcurrir 2 ó 3 años. Luego ya veremos.

 

Lo mismo digo con los inaguantables, personas que tienes, cerca de ti. Hay que hacer igual que con el que daña y perjudica; separarse, desconectar las comunicaciones.

 

Pongo cuatro principios que pueden orientar en las actitudes de la caridad para estos casos.

 

Primer principio. Hay que hacer siempre lo que sea mayor bien. No lo que sea mayor blandura con el otro, lo que sea ceder, sino lo que sea hacer el mayor bien. ¿Que en tal caso ceder es mayor bien para otro, para ti, para él?, cedes. ¿Que aguantar es mejor para otros, para el otro, para ti?, aguantas. ¿Que es mayor bien distanciar al otro, repeler al otro?, se le repele. ¿Que es mayor bien tener ternura?. tienes ternura. ¿Que hace mayor bien ser enérgico, y decir dos cosas claras, verdaderas?, se dicen. Porque en la caridad, uno de los principios es que, hay que tomar aquella actitud por la que se haga mayor bien o a otros, o al otro.

 

Sábete que por ceder con el abusivo, ni haces mayor bien al niño caprichoso ni al déspota; y cuanto más cedas, peores serán.

 

Si no interviene el bien de nadie, entonces el bien mío es el que tiene que reglamentar qué se hace.

 

Mayor bien para la comunidad, para el conjunto de los hombres de que se trate. ¿Qué es mayor bien: Ceder o decirle dos cosas y darle un golpe?, lo que sea mayor bien, se hace. Si por dar dos bofetadas a una persona, viniera mucho bien a todo el mundo, hay que darlas; si el otro es culpable, se entiende.

 

Segundo. Hacer lo que sea mayor bien para el inocente. Hay un individuo que es ladrón y otro que es el robado. Un individuo que es el insultante y el otro el insultado. Uno el injusto y el otro el perjudicado. ¿De parte de quién se tiene uno que poner?, de parte del inocente. Dirá el ladrón: -"Es que Vd, me perjudica".- "Claro!", pero me tengo que poner de parte del inocente.

 

Cuando se trata de abusivos, hacer lo que sea mayor bien para mí. Tienes un abusivo en tu casa, en tu oficina, entonces ¿qué es el mayor bien para mí?. En estos casos no hay que guiarse por el abusivo, sino por lo que a mí me viene bien. Ahí no es egoísmo, porque otra cosa no va en beneficio del prójimo ni de nadie.

 

Cuando os encontréis con personas de éstas, difíciles, inaguantables, es una cosa muy buena decir las cosas claras. Se necesita valor. Uno lo piensa y con serenidad se le dice. El caso es decirlas muy claras. Es muy provechoso cuando no se dice en plan de venganza ni de despecho; sino porque hay que decirlo. La gente de ordinario murmura a espaldas y luego por delante no dice nada. Sería mucho mejor no hablar a espaldas y decirlo a la cara; sin saña, con la amabilidad posible, pero con entereza.

 

Importante saber que no hay que repetir las explicaciones. Se toma una actitud con una persona y el otro dice que por qué, y uno lo explica. Y resulta que vuelve a las andadas y otra vez andas con explicaciones. Eso pasa con los niños, se les niega una cosa e insisten, y otra vez con lo mismo. Pues bien, con personas mayores también sucede y siempre estás dándoles explicaciones. Es signo de debilidad y de no atreverse a solucionar los problemas. ¿Tú le has explicado ya a éste una vez por qué no pasas  por eso?, en adelante actúa, no expliques. Hay gente que toda la fuerza se le va por la boca, y se debilitan así con el otro. La repetida explicación es signo de debilidad. "¿Y por qué...?". Ya está dicho. Las explicaciones se dan una vez, lo más dos, pero no más veces. Lo que hay que hacer es actuar, no repetir palabras.

 

Persuadirse de una cosa: Que es un gran beneficio, una fortuna perder amigos que no lo son, amigos nefastos y amigos falsos. Te encontrarás con parientes que son falsos, con amigos falsos;  es una felicidad perderlos. Lo malo sería que no acabaran de marcharse.

 

¿Perdonar?.

 

¿A quién hay que perdonar?

 

Primero. Al que vuelve. Uno te ha hecho daño, se ha portado mal contigo, vuelve sinceramente?: Se le perdona siempre, no debe quedar nada contra él.

 

Segundo. Si no vuelve, sino que sigue siendo mala persona contigo. Lo que pide la caridad es que no hagas venganza, que no busques la manera de vengarte. Pero no vuelvas.

 

Tercero. Si esa persona que te hace daño se encuentra luego en un caso extremo de necesidad, en que solo tú o casi solo tú eres el que puedes echar una mano, hay que echársela.

 

Pero en los casos ordinarios, que le asista el resto del mundo. Lo contrario sería aproximarse para que siga él cebándose en ti. Pero en casos extremos, como en realidad no le tienes odio, sino amor a todo prójimo, le ayudas. La razón de que estés apartado no es que tú no le quieras, sino que no puedes vivir al lado suyo.

 

 Mientras dura la agresión del que está haciendo daño tú tienes que distanciarte o tienes que repeler la agresión. Cuando ha cesado la agresión y ya este hombre no es dañino, porque ha cambiado o porque se ha hecho viejo o porque ya no tiene mando, entonces tú vuelve a las manifestaciones de caridad. La caridad la tienes siempre, pero no todas las manifestaciones de ella. Como ahora ya puedes  acercarte a hacerle bien, se lo haces. Eres bueno, como Dios, y le haces bien.

 

Otro principio: Hay que devolver bien por mal, siempre que el devolverle bien por mal no sea alentarle a seguir haciendo mal o alentarle a mantener el mal. Hay individuos que si te hacen un mal y les devuelves un bien, continúan en su sistema de hacer daño; así son muchas personas que se crecen en el mal, porque creen que causan miedo y que son muy fuertes. Entonces, el devolverles bien por mal los hace peores. En esos casos, no se les debe devolver bien. Cuando es una cosa ya pasada, aunque te hizo mal,  ya tú le debes hacer bien. Tal proceder ya no le es aliento a continuar en el mal y ser peor.

 

Otro principio: Parientes, lo mismo que amigos, son los que te quieren. No os fijéis mucho en el parentesco de sangre. Parientes son los que te quieren; y quien más te quiera es más pariente tuyo, aunque no lleve tu sangre en sus venas. Un marido es el mayor pariente de una mujer y no tienen gota de sangre igual. ¿Qué les hizo llegar a tan grande parentesco?. El amor. El que te quiere, ése es tu pariente verdadero. No te quieren los que usan y abusan.

 

Luego tened presente esto: En el mundo de caridad te querrán todos. Pero en el mundo egoísta no te querrán sino los que te respeten, y aquéllos de quienes te hagas respetar. Los egoístas, a la gente que son muñecos y monigotes, a los que no tienen entereza, ni energía, ni personalidad, no los quieren. Por eso los niños mimados no respetan al que los mima; ni le quieren. De la misma manera a ti no te querrán los egoístas mientras no te respeten.

 

En cambio, cuando te respeten ya están algo cerca de quererte, porque eres algo respetable, y ya les interesas como amigo. Pero como no te hagas respetar, te tratarán como a un muñeco y todo el mundo abusará de ti.

 

Lo que trato de evitar es que caigáis en ser débiles por principio. La caridad da una entereza muy grande, una personalidad muy grande. La caridad no la hizo Dios para uso y abuso de los gorrones, de los frescos, sino para bien de los hermanos y socorro de los necesitados. Si miras a Jesucristo, El no da la impresión de hombre débil, que con facilidad se le manejase; sino al contrario. Siendo el máximo ejemplo de la caridad, será el máximo ejemplo de la energía.

 

-¿Y lo de poner la otra mejilla?-

 

-Una frase preciosa que hay que interpretarla en el conjunto de la enseñanza de Jesucristo. Es una metáfora expresiva para decir que nosotros, aunque nos hagan daño seguimos haciendo el bien; y si al que me ha perjudicado a mí, otro día le puedo hacer un bien que verdaderamente necesita, me expongo a que me pueda hacer otro daño; y aunque me exponga, le hago el bien.

 

Jesucristo cuando en la pasión le dieron una bofetada, no puso la otra mejilla, sino preguntó que por qué le pegaban sin motivo. Aunque en el sentido espiritual sí la ponía, porque les estaba buscando su bien por encima de Sí mismo.

 

Lo de dar el manto y la túnica es igual. La idea es: 1) no devolver mal por mal; 2) que para hacer el bien somos más fuertes que los otros para hacer el mal; 3) que en buena cantidad de ocasiones, dando más de lo que nos piden hacemos mucho bien a mucha gente. Habrá casos en que no. Pero hay otros en que se hace mucho bien.

 

Claro que en los casos concretos necesitamos luz del Espíritu Santo; yo doy ideas para facilitar el acertar en esas ocasiones. Importante saber que la ira cuando está al servicio del egoísmo es mala. Pero cuando está al servicio de la caridad es buena; porque es una carga dinámica que utilizada para el bien del prójimo es buena y provechosa.

 

Más y más decirse podría; pero considero suficiente lo dicho, para norma de actitud ante egoístas.

 

 

P. Ayúcar