La
Verdad. Sobre esta materia apenas hay algo escrito. Y es sin embargo de una
importancia extraordinaria. Extraordinaria, repito. En el Evangelio y Nuevo
Testamento (también en el Antiguo) se le da una de las importancias supremas.
La suprema la tienen la caridad y la fe. Después no hay tema que tanto toque
Cristo como este de la Verdad. Como que El trajo la Verdad y en la Verdad viene
la Vida. No hay otra vida en el hombre ni más plena verdad que su caridad y fe.
Oposición
a la Verdad, aceptación de la Verdad, los hijos de la luz y los de las
tinieblas, los ciegos y los que ven, he ahí un tema capital del Evangelio. Tan
capital que sólo la caridad y la fe se le equiparan y exceden; los demás quedan
por debajo.
Este
libro no lo entenderán sino los que hayan entendido de corazón la caridad. Ni
acabarán de darse cuenta de qué se trata; aunque les parezca que sí. Ni la
ciencia ni la inteligencia penetran las cosas de Dios, sino aquellos a quienes
las revela el Padre. Y poco entenderán de la Verdad, a los que no se les reveló
la Caridad.
Quienes
gustan la caridad y con gozo la comprenden, apréstense a leer.